
Se
fundó en 1989 para contrarrestar la fast food y la fast
life, impedir la desaparición de las tradiciones
gastronómicas locales y combatir la falta de interés
general por la nutrición, por los orígenes, los sabores
y las consecuencias de nuestras opciones
alimentarias.
Slow Food es una organización ecogastronómica sin ánimo de lucro, financiada por sus miembros, que ha desarrollado diversas estructuras para realizar sus proyectos.
Nuestros 80.000 miembros están repartidos entre más de 800 convivia, nuestras estructuras locales en todo el mundo.
La organización está dirigida por un Comité ejecutivo internacional, que es elegido cada cuatro años en el Congreso Internacional de Slow Food y está compuesto por un Comité de presidencia y un Consejo Internacional. El Consejo está formado por delegados de países que cuentan con al menos 500 miembros de Slow Food.
Algunos países cuentan con organismos nacionales dirigidos por los respectivos comités. Estos organismos nacionales coordinan los programas y proyectos Slow Food mediante el conocimiento profundo de las necesidades de sus miembros y de sus países.
La fundación Slow Food para la Biodiversidad fue fundada en 2003 para apoyar los proyectos de Slow Food dedicados a la defensa de la biodiversidad agrícola y las tradiciones gastronómicas, con una atención especial a los países en vías de desarrollo.
Terra Madre es el encuentro de comunidades del alimento llegadas de todo el mundo, para formar una red de productores, distribuidores, cocineros, universitarios y personas que trabajan por una producción alimentaria responsable y justa.
Slow Food ha creado la Universidad de Ciencias Gastronómicas para ofrecer un programa universitario multifacético sobre la ciencia y la cultura de la alimentación. La UNISG es para Slow Food un medio suplementario de reunir la innovación y la investigación de los sectores universitarios y científicos, con los sabores tradicionales de las granjas y de los productores alimentarios, a fin de contribuir al nacimiento de una nueva generación de productores alimentarios por todo el mundo.
Algunas asociaciones nacionales han organizado estructuras para actos comerciales, y también empresas cuyos beneficios sirven para financiar las actividades de la asociación (por ejemplo, la editorial de Slow Food Italia: Slow Food editore).